Qué, qué, queeeeee

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viernes, 20 de junio de 2008

El Pipo Vázquez Cuevas, abjura de su fé y dice amar al tiburón


*La zoofilia es un pecado de los más graves

Señor Director:


Reciba esta carta en que me permito exponer algunas cosas que han inquietado mi fe y mi corazón, como fiel seguidora que era del joven Pipo, ahora convertido en un servidor más del Patas de Cabra (Dios nos guarde).
Y es que por San Miguel Arcángel, y que Dios bendito nos acoja confesados, es bien cierto que el final de los tiempos se acerca, quien se hubiera imaginado a los santos varones y virtuosas mujeres que con sabia mano guiaba Víctor Alejandro Vázquez Cuevas, cambiar el color azul por el rojo.
Así es, por San Tomás y las benditas llagas de nuestro Señor Jesucristo, que nadie lo podía creer, el buen Pipo se puso la camiseta roja y su rebaño lo siguió en este acto de conversión, en el que nos dicen los cronistas, abjuraron de su fe, de sus creencias y ahora dicen amar al Tiburón.

Por toda la Corte Celestial que nadie se imaginó el día, ni la hora (creo que así dice una canción ranchera), en que este muchacho, Víctor Alejandro, quien se veía tan bien portado, serio y tan formal se pusiera el color del demonio, y gran pecado, dijera amar a un animal, como es el tiburón, por igual pecado castigo Dios Padre a los judíos que Moisés sacó de Egipto quienes adoraron a un becerro de oro.

Aunque cayendo en la cuenta, dicen las consejas de pueblo que la cabra siempre tira al monte y ya este muchacho daba signos de ser un pecador irredento.
Y pues poniéndonos a hacer cuentas, los chaneques seguido se le trepaban a este Pipo, quien lo hubiera visto cuando era un humilde lecherito, al igual que su hermano Alfonso, al que por cierto, el pecado de la avaricia lo ahogara y a quien nos tocó ver en la tele como llenaba sus bolsillos de fajos de billetes, de ese maldito dinero que tantas almas corrompe, y oír como lo adoraba diciendo que era lo único que le importaba.
Santo Padre Bendito, lo que se ve por la televisión, pero es bueno ver las miserias humanas para protegerse uno de las tentaciones o de la rabia del demonio que ha poseído a Víctor Alejandro como cuando quiso tumbar las rejas de Palacio de Gobierno, allá por el año pasado, o cuando hace unos días azuzó a sus compañeros de bancada (creo así lo dicen), a tomar la Tribuna del Congreso (esto lo copie del periódico), por no sé que berrinche.
Pero la gota que vino a derramar el vaso, fue ver a esos pobres hombres y mujeres, con caras descompuestas, por el mismito demonio, como se ponían las camisas del diablo y oírlos decir con voces irreconocibles, que amaban al tiburón. Por San pedro y San Pablo que el pecado de zoofilia es castigado gravemente.
Pero bien dicen que el dinero mal habido y el poder acaban hasta con el alma más fuerte, bendito Dios y que nos libre, por los siglos de los siglos, de estos males.
Sagrado Corazón de Jesús, no es pecado reconocerlo, el color rojo es el mejor, y mi corazón late fuerte al verlo.


Atentamente
Susanita de la Paz Santoyo